Bicentenario

A continuación  presentanos un articulo del Sr. Rector Ing. Agr. Arturo Roberto Somoza

El Bicentenario de la Revolución de Mayo

Una de las polémicas clásicas entre los estudiosos de la historia, ha sido el sentido de los recordatorios basados en períodos. En nuestro caso, se trata de considerar si el valor asignado a un número “redondo” como doscientos años, favorece o perjudica la comprensión histórica y mejor valoración del proceso histórico independentista.

Mi posición al respecto, es que los enfoques formales, si bien suponen el riesgo de frivolizar lo sustantivo, bien tratados pueden ayudar a su comprensión y sobre todo favorecen la comunicación masiva y reflexión colectiva de los hechos.

La perspectiva histórica permite analizar el proceso histórico de la Revolución de Mayo, dentro del contexto mundial de fines del siglo XVIII y principios del XIX. Eventos como la revolución francesa, la independencia de las 13 colonias de la Nueva Inglaterra, el imperio napoleónico, la decadencia del imperio español y el dominio inglés de los mares, constituyen el entorno político. Pero también es parte del contexto, el subteráneo proceso de conformación de conciencia autonómica, que comienza casi con la colonización. Este tiene muchos nombres e hitos que aún con discontinuidad, signan el período colonial, no sólo explicable en la heterogeneidad, la presencia de pueblos precoloniales, los esclavos africanos y otras razas colonizadoras, sino también en los “criollos”, hijos de españoles que, en la medida que se sucedían las generaciones “nacionales”, profundizaban sus raíces y se diferenciaban de la lejana España.

Es muy recomendable analizar los procesos históricos, tratando de imaginar la complejidad de situaciones objetivas, como las del entorno ya aquí mencionadas, y la de las subjetivas, como las personalidades de los principales actores, sus formaciones, sus creencias, su ubicación social, su sistema de vinculaciones interpersonales y su comprensión de las interrelaciones de la comunidad.

Es conveniente también, entender al hito como punto de referencia de una secuencia de eventos que lo anteceden y lo suceden. La invasión napoleónica al Reino de España, las invasiones inglesas, la Primera Junta, la Junta Grande, los Triunviratos, los Directores, la Campaña Libertadora de San Martín y el Congreso de Tucumán, tienen un hilo conductor que enerva marchas y contramarchas, lealtades y traiciones, intereses y desprendimientos, sucesos de élite y apropiaciones populares, sustratos locales activados por otras problemáticas y otros escenarios pasivos, etc.

Otro abordaje, es el marco de incertidumbre en que se desarrollan los procesos revolucionarios, siempre instalados en cambios de época con fuertes mudanzas. Sin dudas, los principales actores tuvieron mucha más certeza sobre lo que no querían para su comunidad, que sobre lo que podían proponer. Ideas contrapuestas de futuro, como regencia hasta la liberación de la Madre Patria, Independencia relativa o descentralización administrativa de España, abandono del monopolio comercial hacia la libertad de comercio, conformación de un Imperio Local o constitución de una nueva nación, convivían en los diálogos, sobre todo reservados. Mucho más aún, las formas de organización de un posible estado independiente.

El último enfoque, se refiere a la débil situación del proceso revolucionario en cuanto a estructura de gobierno para una vida independiente, ya que salvo una pequeña clase dirigente nombrada por el Reino, para la administración de sus intereses locales, era prácticamente nula la experiencia de autogobierno local.

Hechas estas reflexiones que intentan comprender ese proceso que dio luz a la Argentina, creo imprescindible compararlo con nuestra realidad, para encontrar aspectos esencialmente análogos, pero insertados en un contexto muy distinto. Nuestro país sigue debatiéndose entre el ser y el no ser, y ello se puede encontrar en los hechos que ocurren diariamente. El dilema está en cada uno de nosotros, en una gran tensión interna entre dejarnos arrastrar por tentaciones que consoliden una conducta egoísta y el ordenamiento de nuestro accionar hacia un equilibrio entre el yo y el nosotros. A esta realidad nadie escapa ni se puede sentir no responsable. Es cierto que el grado de responsabilidad es muy distinto y se puede visualizar claramente entre los extremos de quienes tienen posibilidades ciertas de incidir en cambiar la realidad y sus actuales reglas de juego y quienes sufren los determinantes de la vida actual y sólo pueden incidir en su propia libertad y dignidad.

¡Que la reflexión personal que amerita el Bicentenario, sea el antecedente fecundo de una reflexión común sobre nuestro destino como comunidad nacional!

Ing. Agr. Arturo Roberto Somoza

Rector UNCuyo